Capítulo 2 - Nuevas compañías

Al término de la cena, Albus Dumbledore, el director de Hogwarts, se puso de pie, acaparando la atención de todo el colegio.
- ¡Bienvenidos alumnos a otro año en Hogwarts! Como todos los años, utilizaré el banquete de bienvenida para anunciarles las novedades… Esta vez, tenemos un cambio muy importante ya que, con el retiro de la profesora Marchblanks, tengo el placer de presentar a la profesora Minerva McGonagall como la nueva subdirectora del colegio. Por favor, Minerva…
La profesora McGonagall, una joven bruja que llevaba el pelo atado en una larga cola de caballo se puso de pie y una oleada de aplausos retumbó sobre el gran salón, sobre todo en la mesa de Gryffindor, quienes la tenían como jefa de casa.
- Bueno, profesora – dijo Dumbledore – supongo que los alumnos de Slytherin también se alegraran de tenerla como vicedirectora, simplemente que no son muy demostrativos, ¿verdad? – completó con una sonrisa.
- Lo sé, Albus, igualmente gracias a todos por la cálida bienvenida – terció McGonagall – Ahora, si el director me lo permite, los invito a dirigirse hacia las habitaciones. ¡Que tengan un muy buen año escolar!
A estas últimas palabras de la profesora, le siguieron los ruidos de cientos de sillas al moverse y una multitud de alumnos salió rápidamente del gran salón, dirigiéndose a sus respectivas torres.

*

La primer semana transcurrió muy rápido para todos. Estando en séptimo año, sólo se cursaban las materias en las que se habían conseguido MHB (Matrículas de Honor en Brujería), por lo tanto, los únicos que tenían el mismo trabajo que siempre eran Ana, Lily y Remus, ya que Sirius y James sólo asistían a clases de Defensa Contra las Artes oscuras, Transformaciones, Encantamientos, Pociones y Herbología – Las necesarias para seguir una carrera como Aurores-.
En Gryffindor también estaba Peter Pettigrew, un chico bajito y rechoncho, que siempre iba a todos lados detrás de James, Sirius y Remus y era considerado el cuarto de los merodeadores. Él, por su parte, sólo había alcanzado un “Aceptable” en su MHB de historia de la magia, materia que cursaba sólo con un chico de Ravenclaw. Los merodeadores y las chicas iban juntos a todos lados y eran conocidos en Hogwarts por su poco respeto a las reglas - mayormente por el lado de los chicos, aunque si bien las muchachas eran más tranquilas, nunca se negaban a ayudar a la hora de las travesuras -.
Finalizaba el primer mes de clases cuando toda la alegría acumulada durante ese tiempo se les terminó de repente.
- Señorita Tonks, señor Lupin… – Dijo la profesora McGonagall al final de la clase de Transformaciones, cuando ella, Ana y Remus quedaron solos en el aula – Los he llamado porque, al ser los dos delegados de Gryffindor, deben enterarse y organizar un proyecto que hemos estado armando durante el periodo de vacaciones.
- ¿Proyecto? ¿Sobre qué…? - Comenzó Ana, pero la profesora ya comenzaba a explicarles.
- Durante cientos de años desde la fundación del colegio, los directores que han pasado por Hogwarts han intentado, inútilmente, consolidar la unión entre las casas Gryffindor y Slytherin. Fue por decisión del profesor Dumbledore y de todo el personal docente realizar un proyecto que se llevará a cabo todos los jueves del año, entre estudiantes de las dos casas.
- ¿Qué? – Preguntó Ana, sobresaltada – ¿Usted nos está pidiendo que compartamos un día por semana con los Slytherin?
- No creo que esa sea una buena forma de comenzar, señorita Tonks. Omitiré su comentario y seguiré explicando – dijo la profesora con el entrecejo fruncido - No les estoy pidiendo que compartan un día por semana con los Slytherin… se los estoy ordenando. Esta noche antes de la cena se pondrá un cartel con los estudiantes que acudirán a cada una de las reuniones. Éstos rotarán a medida que se vayan haciendo las reuniones, que realizarán los jueves después de la cena, durarán hasta la media noche y serán en la sala común de Gryffindor, que es la más grande.
- ¿Tendremos que darles nuestra contraseña? – preguntó Remus
- No. Las puertas de la torre se abrirán de 8:30 a 12 horas. Luego seguirán como siempre.

*

- ¿¿¿Qué??? – Preguntaron Sirius y James al unísono
– Ni sueñen que compartiré más que las comidas con los Slytherin – completó Canuto.
- A mí tampoco me agrada la idea de pasar 4 horas por semana cerca de tus primas, Black, te lo aseguro. Pero entiende que esto pone en riesgo mi puesto y el de Remus como delegados.- Además muchachos – dijo Remus – Piensen que los Slytherin aceptarán automáticamente, harán cualquier cosa por estar cerca nuestro y poder provocarnos.
- Remus tiene razón – Asintió James – No podemos pasar por cobardes, Canuto.
- ¡Nunca! Somos Gryffindor, ¡Demostrémoslo!
- Me alegra saber que lo harán, amigos – dijo Ana – pero me hubiera gustado que en su frase incluyeran un “Así Ana y Remus continuarán en sus puestos”Lily rió y Ana le devolvió la sonrisa.

Dos horas más tarde los chicos se dirigían al Gran Salón para la cena, cuando vieron un gran tumulto de gente en la cartelera del vestíbulo. Una vez que pudieron acercarse, llegaron a leer un cartel que decía:

PROYECTO
”El León y la Serpiente”

A continuación, las listas de alumnos elegidos para participar del proyecto, que se realizará todos los jueves desde las 20:30 hasta las 24:00 en la sala común de Gryffindor

Los ojos de Ana buscaron rápidamente la inscripción “Séptimo año” y no encontró nada de su agrado.

SÉPTIMO AÑO – Primer semana

Gryffindor:Black, Sirius / Evans, Lilian / Tonks, Anabell / Potter, James

Slytherin:Black, Bellatrix / Black, Narcisa / Malfoy, Lucius / Snape, Severus

No fue sólo Ana la que en ese momento largó una carcajada. Ese era el peor grupo de alumnos para realizar una “unión de casas” que podía existir, y seguramente, los profesores lo sabían, ya que ni Remus ni Peter figuraban en el aviso. Era evidente que habían elegido a los más problemáticos para intentar acercarlos. Sólo algo era seguro: Tener a Sirius y a Severus Snape en el mismo bando era tan imposible como que Black se fijara en ella.

Toda la mañana y parte de la tarde del jueves fue un completo infierno. Ana y Remus iban por los pasillos evitando peleas entre Gryffindors y Slytherins. No sólo eran los de séptimo año, sino que ningún curso quería tener a la otra casa cerca. Aún peor, Bellatrix y Malfoy, los prefectos de Slytherin, no hacían más que divertirse quitando puntos a los Gryffindors y en uno de esos encontronazos, Ana casi pierde el puesto de delegada por intentar convertir a Bellatrix en sapo al final de la clase de Defensa contra las artes Oscuras.
Al finalizar la cena, la profesora McGonagall y el profesor Slughorn, jefe de Slytherin, reunieron a todos los alumnos que habían sido elegidos para protagonizar el proyecto. Como era de esperarse, séptimo era el año que más alumnos tenía, ya que todos los demás tenían entre 2 y 3 alumnos de cada una de las casas y de primero no había nadie. Durante todo el camino a la torre los acompañó un silencio sepulcral. los de segundo y tercer año se separaron con el profesor Slughorn y los de cuarto y quinto con la profesora McGonagall, mientras que Ana y el resto de sexto y séptimo, se dirigieron directamente a la sala común como estaba pactado ya que, al ser los “más maduros”, no tendrían motivo para ir acompañados por un profesor - ¡Cómo se equivocaban! -.

Capítulo 1 - Introducción

Todo en la vida de Anabell Tonks parecía ser perfecto. Ella, una inteligente hechicera de pelo castaño levemente rizado y ojos claros, que acababa de cumplir 17 años y estaba a punto de comenzar su sexto año escolar en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Hija menor de los señores Tonks, un matrimonio muggle de Liverpool, Anabell había pasado la primera mitad del verano en casa con sus padres y su hermano mayor Ted – también muggle - y la otra mitad, con su mejor amiga, Lilian Evans, y su familia en Londres.Anabell y Lily habían sido amigas durante los siete años que llevaban en Hogwarts. Al ser las únicas dos muchachas de su división en Gryffindor, eran muy unidas, se podría decir que como hermanas. Los padres de Anabell pasaban mucho tiempo en viajes laborales, por lo que éstas eran las terceras vacaciones en las que ella pasaba gran parte con los Evans.
En Londres, Anabell también tenía a sus mejores amigos, ella y Lily los habían conocido en Hogwarts y - a pesar de que su relación no fue la mejor durante los primeros años de colegio -, con el tiempo se habían hecho inseparables. Tras darse cuenta de que dos de ellos vivían a pocas cuadras de la casa de Lily – sin mencionar al tercero, que vivía en frente -, Ana había encontrado otra razón para pasar los veranos allí. Estos tres muchachos era James Potter, el mejor jugador de Quidditch de Hogwarts, capitán y buscador en el equipo de Gryffindor; Remus Lupin, un chico muy dulce e inteligente a quien siempre se veía con un libro debajo del brazo; y Sirius Black, bromista y atrevido, “la otra mitad” de James y el único problema en la vida de Anabell. ¿Por qué? A Anabell siempre le había gustado Sirius… ¿Cómo evitarlo? Los tres amigos eran grandes galanes dentro de Hogwarts. James, el deportista del grupo, aunque demasiado arrogante en un principio, su temperamento había cambiado mucho con el tiempo y era un verdadero rompecorazones; Remus, el muchacho dulce que todas buscaban y Sirius… Ana no lograba entender cuál de todas sus cualidades la habían cautivado más. ¿Sería el pelo oscuro que le caía ligeramente por el rostro, sus ojos azules y esa hermosa sonrisa? ¿O tal vez la capacidad que tenía para alegrar cada lugar que pisaba, y la fidelidad que le tenía a sus amigos?

- Ana… ¡Ana!
- Sí… eh……¿Qué…? – Balbuceó Anabell saliendo de sus pensamientos y dándose cuenta de que su amiga le hablaba.
- ¡Ja! – rió Lily - Ya pasó amiga, lo siento…
- ¿Qué… qué es lo que pasó? – preguntó Ana frunciendo el entrecejo.
- ¡Sirius! Estábamos hablando cuando lo viste salir de su casa! – Exclamó Lily con aire impaciente mientras señalaba a una ventana cuya vista mostraba una imponente mansión con el número 12 estampado en su puerta.
- Eh… no, te equivocas Lil, - dijo Ana, quien ya había salido por completo de su ensueño – no estaba mirando a Si… Black – corrigió – Sólo me quedé pensando en lo que hablábamos. – hubo un segundo de silencio -. ¿Sobre qué estábamos hablando?
- ¿Por cuánto tiempo me seguirás negando que mueres por Sirius Black? ¡Creí que era tu mejor amiga!
- Todo el tiempo que haga falta, hasta que te decidas a aceptar lo que pasa entre tú y James – contestó Ana con una sonrisa - ¿De qué vale que Remus, Black y yo vivamos pendientes de ustedes si ninguno se decide a terminar con el “sólo somos amigos”?
- Sabes que James no es mi tipo. Está bien que seamos amigos pero siempre ha sido demasiado arrogante, nunca podríamos llevarnos bien como pareja...
- No me mientas a mí, Lil… Yo sé que no quieres dañar a Quejicus…
- ¿Desde cuándo lo llamas así tu también? Sabes qué pienso de él, Ana
- No, Lily, no sé qué piensas. Primero era el mejor, luego era dudoso, ahora es un idiota, pero le tienes lástima y eso evita que sigas con tu vida.
- No es tan fácil, ¿Sabes?
- Yo creo que tú eres la que lo hace difícil. Siempre me has dicho que Snape era genial como amigo pero que sería la última persona en la que te fijarías y él lo sabe, lo sabía cuando eran amigos, lo sabe ahora que no lo son, y lo sabrá estés o no con James. Todavía no entiendo qué es lo que estás esperando…
- Mejor cambiemos de tema – pidió Lily – es más, podríamos terminar de empacar. Mañana tendremos muy poco tiempo antes de ir a King’s Cross.
- Si, eso creo… vamos.

*

Ya llevaban más de medio baúl armado cuando sonó el timbre.
- Seguro son los chicos, Ana – Dijo una voz que se oía lejana bajo un montón de ropa, libros e instrumentos mágicos – ¿Podrías ir a abrirles tú? – pidió casi en tono de súplica.
Ana bajó rápidamente las escaleras y abrió la puerta.
- Hola Ani – la saludó Remus mientras entraba.
- Hola Rem… James. – Dijo Ana saludando al otro chico.
- ¿Qué tal, preciosa? – Saludó por último Sirius, tomándola de la cintura y con un beso en la mejilla.
- Sin demostraciones afectivas, Black – respondió ella firme, aunque ligeramente ruborizada. – Vengan – continuó dirigiéndose a los tres – estamos arriba.

James fue el primero en entrar a la habitación.
- ¿Qué es este…
- …caos? – Terminó Sirius
James abrió la boca para decir algo más, pero luego de que Ana le susurrara – ‘Chst! Esto de empacar realmente la estresa’ – la volvió a cerrar.
- ¡Te oí! – Gritó Lily mientras los demás reían – bueno… yo no puedo empacar con magia y mis padres no son magos como los suyos para hacerlo – dijo apenada.
- ¡Hey! Yo armo el baúl, ¡Nadie lo hace por mí! – Dijo Sirius
- Ja, ja, ja – rió Ana con sarcasmo – eso sí que no me lo creo, Black. Es sólo un movimiento de varita. Cualquiera lo haría por ti.
- No mi madre – dijo Sirius girando bruscamente la cabeza hacia Ana – y lo sabes.
Ana deseó no haber dicho nada. La familia de Sirius no era nada de lo que él se enorgulleciera. La mayoría había salido de Slytherin y odiaban a los “Sangre impura”, que era como ellos llamaban a magos como Lily y Ana que venían de familia muggle. Durante el verano, Sirius pasaba la mayor parte del tiempo fuera de su casa, deambulando con James y Remus o en la casa de los Potter.
- Lo… lo siento – se disculpó Ana.
- Está bien – Dijo Sirius sin mirarla – Es natural que no entiendan como una familia pueda ser tan repugnante.
- ¡Canuto! – dijo James – Ya basta. Quien nos importa eres tú, no tu familia.
- Bueno… - dijo Remus tratando de cambiar el tema – Sólo pasábamos un momento para saber si querrían que cenemos los 5 la última noche de vacaciones.
- ¡Eh… sí, sí claro! – dijo Lily en un tono alegre – ¿A dónde iremos?
- Probablemente a mi casa – dijo James – pero pasaremos a buscarlas.
- Perfecto – asintió Lily, mientras lo miraba embelesada.
- ¡Bueno…! – Dijo Sirius a quien ya parecía habérsele pasado el mal momento – Estaremos aquí a las ocho.
Con estas últimas palabras, los tres amigos se levantaron y bajaron las escaleras acompañados nuevamente de Anabell. Antes de despedir a Sirius, quien era el último en salir, Ana lo detuvo:
- Perdón… realmente lo siento. – dijo. Lo saludó con un beso y cerró la puerta tras él.

Ana aún estaba muy colorada cuando llegó a la habitación de Lily. Continuaron empacando hasta que finalmente consiguieron cerrar los baúles.
- No… lo volveré a abrir… hasta llegar a Hogwarts – dijo Lily con la respiración entrecortada, mientras se bajaba del baúl. Había intentado cerrarlo de todas las formas posibles, y sólo lo consiguió parándose arriba.
- Me parece muy bien – rió Ana – y si llegas a olvidarte algo, lo llevaremos en mi baúl, así que despreocúpate.

Pasaron todo el resto de la tarde en la habitación de Lily, hablando sobre qué se traería el séptimo año y quién sería la nueva vicedirectora, ya que la profesora Marchblanks, antigua subdirectora, había terminado de ejercer en Hogwarts a fin del año anterior.
A las 8 en punto, Ana y Lily salieron a la puerta a esperar a los chicos y se sentaron frente a la mansión de los Black, ya que suponían que Sirius saldría por allí. Desafortunadamente, la sorpresa fue otra, y quien salió fue una de las primas de Sirius, Bellatrix Black, alumna de Slytherin del mismo año que ellos y la persona a la que Ana menos aprecio tenía en el colegio – algo que era mutuo -.
La joven bajaba las escaleras del edificio cuando sus ojos se detuvieron en la puerta de la casa que tenía enfrente:
- Pero… ¡Miren quienes están aquí! – Dijo con voz socarrona – ¡La noviecita de mi querido primo y su colorada amiga! Las dos únicas sangre sucia de Londres, ¿verdad? Bueno, tú ni siquiera eres de Londres, Tonks.
Ana hizo un ademán de pararse, pero su amiga la detuvo.
- Seguramente no te gustaría nada saber que es la noviecita de tu apuesto primo, ¿verdad? - preguntó Lily.
- Algún día vas a arrepentirte de haberte metido conmigo, Tonks – dijo Bellatrix – y te lo advierto: Si mi primito sigue fijándose en inmundas hijas de muggles, también se arrepentirá, tenlo por seguro.
Y tras esas palabras, se dio media vuelta y se fue.

Cinco minutos después, Sirius y Remus llegaban a la casa de los Evans. Toda la alegría que Ana tenía media hora atrás, se había esfumado por completo.
- Hola, señoritas – dijo Remus con una sonrisa
- Hola chicos – contestó Lily – ¿y James?
- Oh… se quedó a ayudar a su madre, nos pidió que viniéramos solos – contestó Remus.
Ana aún miraba para el lugar hacia adonde se había ido Bellatrix.
- Hey Tonks, ¿qué pasa? – preguntó Sirius, que había estado observándola.
- Nada – respondió ella con enojo, y se puso de pie – vamos – pero ninguno se movió.
- De verdad, dime qué pasa – volvió a decir Sirius, y al comprobar que Ana no hablaba, los dos chicos giraron hacia Lily
- Tu prima – dijo ésta mirando a Sirius.
- Oh… debí imaginarlo – hizo una mueca de asco – Idiota… ¿Bellatrix, verdad?
- Si… - contestó Lily
- En serio chicos, vamos – pidió Ana, y los cuatro comenzaron a caminar hacia la casa de James

Sirius se acercó Ana, quien iba sola adelante.
- Hey… Anabell – la llamó – ¿qué te dijo mi prima?
- Nada, cosas sin importancia. – contestó ella sin mirarlo a la cara.
- No me mientas – dijo él con voz firme. – a ti no te dejan así las estupideces que dice Bellatrix.
- Bueno… puede ser… - comenzó Ana mientras sus mejillas se encendían – está bien. Me dijo que si sigues fijándote en sangre sucias, te arrepentirás. – Aún en la noche se podía ver que se había sonrojado.
- ¡Está loca! ¡¿Cómo puede insultar a los hijos de muggle de ese modo?! – espetó Sirius con enojo – A parte… Es James quien se fija en Lily… - añadió muy desconcertado, encogiéndose de hombros.
Lily y Remus, quienes estaban atentos a la conversación, se acercaron. Lily también estaba muy colorada – pero por el comentario sobre ella y James -, aunque no dijo nada. Remus, en cambio, le pasó una mano por el hombro a su amigo y le dijo con una sonrisa:
- A veces me sorprende que seas el más inteligente de la clase, Sirius. – y bajando la voz añadió – ¿no te das cuenta, de que los señores Tonks no son magos?
Sirius miró a su amigo aún más desconcertado, pero éste sólo se limitó a guiñarle un ojo antes de detenerse ante una casa antigua con rejas verdes y tocar el timbre.

La cena fue muy agradable. La señora Potter había preparado una mesa enorme llena de diferentes platos. Finalmente, cuando Sirius – que siempre comía como si no hubiera probado bocado por días - terminó la cuarta porción de torta de Melaza y luego de charlar durante un buen rato, Remus, Sirius, Lily y Anabell regresaron a sus casas.
Al día siguiente, las dos amigas se despertaron muy temprano. Los padres de Lily las acompañaron a la estación King’s Cross y se despidieron de ellas antes de que traspasaran la plataforma 9 y ¾ . Como de costumbre, las chicas buscaron un compartimiento vacío y esperaron allí a Sirius, Remus y James.
El viaje no fue muy agradable para Ana. Cuando muchas de las chicas se dieron cuenta que los merodeadores estaban en ese compartimiento, comenzaron a entrar permanentemente para saludarlos.
- Hola, Siri - dijo una chica de Ravenclaw, tomándose demasiada confianza al sentarse a su lado.
- Hola… eh… - Sirius miró a ambos lados en busca de la ayuda de James y Remus. Ana sabía que no lo hacía porque le molestara que la chica se hubiera sentado al lado de él, sino porque no recordaba ni siquiera su nombre.
- ¿Porqué no me escribiste? – preguntó la muchacha interrumpiendo el incómodo silencio - Esperé tu lechuza durante todas las vacaciones
- No… ¿No llegó? – preguntó Sirius rápidamente – con razón no me has contestado preciosa, ya me estaba preocupando. Bueno, no es que quiera que te vayas pero, estamos hablando sobre el equipo de Quidditch de Gryffindor y, ya sabes… tú eres de… eh… ¡Ravenclaw! Claro, eso es James… sí, de Ravenclaw.
- ¡No hay problema! – dijo la chica que parecía muy contenta – Nos vemos – y dándole un beso en la mejilla salió del compartimiento.
Todos miraban a Sirius. James parecía estar orgulloso de su amigo, Remus y Lily lo miraban con el entrecejo fruncido. En cambio, Anabell, parecía tenerle lástima.
- ¿Con cuantas muchachas de Hogwarts jugarás este año, Black? – Le preguntó – Es el último que pasarás en el colegio… ¿tendrás que batir una especie de récord, verdad?
- Yo no quiero jugar con nadie – respondió Sirius seriamente – pero… si ellas me buscan… - terminó guiñándole un ojo a James.

Anabell y Sirius no volvieron a hablarse durante el resto del viaje. Llegaron al castillo más temprano que otras veces, pero eso no fue excusa para que no comieran hasta más no poder durante el banquete de bienvenida.