Capítulo 1 - Introducción

Todo en la vida de Anabell Tonks parecía ser perfecto. Ella, una inteligente hechicera de pelo castaño levemente rizado y ojos claros, que acababa de cumplir 17 años y estaba a punto de comenzar su sexto año escolar en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Hija menor de los señores Tonks, un matrimonio muggle de Liverpool, Anabell había pasado la primera mitad del verano en casa con sus padres y su hermano mayor Ted – también muggle - y la otra mitad, con su mejor amiga, Lilian Evans, y su familia en Londres.Anabell y Lily habían sido amigas durante los siete años que llevaban en Hogwarts. Al ser las únicas dos muchachas de su división en Gryffindor, eran muy unidas, se podría decir que como hermanas. Los padres de Anabell pasaban mucho tiempo en viajes laborales, por lo que éstas eran las terceras vacaciones en las que ella pasaba gran parte con los Evans.
En Londres, Anabell también tenía a sus mejores amigos, ella y Lily los habían conocido en Hogwarts y - a pesar de que su relación no fue la mejor durante los primeros años de colegio -, con el tiempo se habían hecho inseparables. Tras darse cuenta de que dos de ellos vivían a pocas cuadras de la casa de Lily – sin mencionar al tercero, que vivía en frente -, Ana había encontrado otra razón para pasar los veranos allí. Estos tres muchachos era James Potter, el mejor jugador de Quidditch de Hogwarts, capitán y buscador en el equipo de Gryffindor; Remus Lupin, un chico muy dulce e inteligente a quien siempre se veía con un libro debajo del brazo; y Sirius Black, bromista y atrevido, “la otra mitad” de James y el único problema en la vida de Anabell. ¿Por qué? A Anabell siempre le había gustado Sirius… ¿Cómo evitarlo? Los tres amigos eran grandes galanes dentro de Hogwarts. James, el deportista del grupo, aunque demasiado arrogante en un principio, su temperamento había cambiado mucho con el tiempo y era un verdadero rompecorazones; Remus, el muchacho dulce que todas buscaban y Sirius… Ana no lograba entender cuál de todas sus cualidades la habían cautivado más. ¿Sería el pelo oscuro que le caía ligeramente por el rostro, sus ojos azules y esa hermosa sonrisa? ¿O tal vez la capacidad que tenía para alegrar cada lugar que pisaba, y la fidelidad que le tenía a sus amigos?

- Ana… ¡Ana!
- Sí… eh……¿Qué…? – Balbuceó Anabell saliendo de sus pensamientos y dándose cuenta de que su amiga le hablaba.
- ¡Ja! – rió Lily - Ya pasó amiga, lo siento…
- ¿Qué… qué es lo que pasó? – preguntó Ana frunciendo el entrecejo.
- ¡Sirius! Estábamos hablando cuando lo viste salir de su casa! – Exclamó Lily con aire impaciente mientras señalaba a una ventana cuya vista mostraba una imponente mansión con el número 12 estampado en su puerta.
- Eh… no, te equivocas Lil, - dijo Ana, quien ya había salido por completo de su ensueño – no estaba mirando a Si… Black – corrigió – Sólo me quedé pensando en lo que hablábamos. – hubo un segundo de silencio -. ¿Sobre qué estábamos hablando?
- ¿Por cuánto tiempo me seguirás negando que mueres por Sirius Black? ¡Creí que era tu mejor amiga!
- Todo el tiempo que haga falta, hasta que te decidas a aceptar lo que pasa entre tú y James – contestó Ana con una sonrisa - ¿De qué vale que Remus, Black y yo vivamos pendientes de ustedes si ninguno se decide a terminar con el “sólo somos amigos”?
- Sabes que James no es mi tipo. Está bien que seamos amigos pero siempre ha sido demasiado arrogante, nunca podríamos llevarnos bien como pareja...
- No me mientas a mí, Lil… Yo sé que no quieres dañar a Quejicus…
- ¿Desde cuándo lo llamas así tu también? Sabes qué pienso de él, Ana
- No, Lily, no sé qué piensas. Primero era el mejor, luego era dudoso, ahora es un idiota, pero le tienes lástima y eso evita que sigas con tu vida.
- No es tan fácil, ¿Sabes?
- Yo creo que tú eres la que lo hace difícil. Siempre me has dicho que Snape era genial como amigo pero que sería la última persona en la que te fijarías y él lo sabe, lo sabía cuando eran amigos, lo sabe ahora que no lo son, y lo sabrá estés o no con James. Todavía no entiendo qué es lo que estás esperando…
- Mejor cambiemos de tema – pidió Lily – es más, podríamos terminar de empacar. Mañana tendremos muy poco tiempo antes de ir a King’s Cross.
- Si, eso creo… vamos.

*

Ya llevaban más de medio baúl armado cuando sonó el timbre.
- Seguro son los chicos, Ana – Dijo una voz que se oía lejana bajo un montón de ropa, libros e instrumentos mágicos – ¿Podrías ir a abrirles tú? – pidió casi en tono de súplica.
Ana bajó rápidamente las escaleras y abrió la puerta.
- Hola Ani – la saludó Remus mientras entraba.
- Hola Rem… James. – Dijo Ana saludando al otro chico.
- ¿Qué tal, preciosa? – Saludó por último Sirius, tomándola de la cintura y con un beso en la mejilla.
- Sin demostraciones afectivas, Black – respondió ella firme, aunque ligeramente ruborizada. – Vengan – continuó dirigiéndose a los tres – estamos arriba.

James fue el primero en entrar a la habitación.
- ¿Qué es este…
- …caos? – Terminó Sirius
James abrió la boca para decir algo más, pero luego de que Ana le susurrara – ‘Chst! Esto de empacar realmente la estresa’ – la volvió a cerrar.
- ¡Te oí! – Gritó Lily mientras los demás reían – bueno… yo no puedo empacar con magia y mis padres no son magos como los suyos para hacerlo – dijo apenada.
- ¡Hey! Yo armo el baúl, ¡Nadie lo hace por mí! – Dijo Sirius
- Ja, ja, ja – rió Ana con sarcasmo – eso sí que no me lo creo, Black. Es sólo un movimiento de varita. Cualquiera lo haría por ti.
- No mi madre – dijo Sirius girando bruscamente la cabeza hacia Ana – y lo sabes.
Ana deseó no haber dicho nada. La familia de Sirius no era nada de lo que él se enorgulleciera. La mayoría había salido de Slytherin y odiaban a los “Sangre impura”, que era como ellos llamaban a magos como Lily y Ana que venían de familia muggle. Durante el verano, Sirius pasaba la mayor parte del tiempo fuera de su casa, deambulando con James y Remus o en la casa de los Potter.
- Lo… lo siento – se disculpó Ana.
- Está bien – Dijo Sirius sin mirarla – Es natural que no entiendan como una familia pueda ser tan repugnante.
- ¡Canuto! – dijo James – Ya basta. Quien nos importa eres tú, no tu familia.
- Bueno… - dijo Remus tratando de cambiar el tema – Sólo pasábamos un momento para saber si querrían que cenemos los 5 la última noche de vacaciones.
- ¡Eh… sí, sí claro! – dijo Lily en un tono alegre – ¿A dónde iremos?
- Probablemente a mi casa – dijo James – pero pasaremos a buscarlas.
- Perfecto – asintió Lily, mientras lo miraba embelesada.
- ¡Bueno…! – Dijo Sirius a quien ya parecía habérsele pasado el mal momento – Estaremos aquí a las ocho.
Con estas últimas palabras, los tres amigos se levantaron y bajaron las escaleras acompañados nuevamente de Anabell. Antes de despedir a Sirius, quien era el último en salir, Ana lo detuvo:
- Perdón… realmente lo siento. – dijo. Lo saludó con un beso y cerró la puerta tras él.

Ana aún estaba muy colorada cuando llegó a la habitación de Lily. Continuaron empacando hasta que finalmente consiguieron cerrar los baúles.
- No… lo volveré a abrir… hasta llegar a Hogwarts – dijo Lily con la respiración entrecortada, mientras se bajaba del baúl. Había intentado cerrarlo de todas las formas posibles, y sólo lo consiguió parándose arriba.
- Me parece muy bien – rió Ana – y si llegas a olvidarte algo, lo llevaremos en mi baúl, así que despreocúpate.

Pasaron todo el resto de la tarde en la habitación de Lily, hablando sobre qué se traería el séptimo año y quién sería la nueva vicedirectora, ya que la profesora Marchblanks, antigua subdirectora, había terminado de ejercer en Hogwarts a fin del año anterior.
A las 8 en punto, Ana y Lily salieron a la puerta a esperar a los chicos y se sentaron frente a la mansión de los Black, ya que suponían que Sirius saldría por allí. Desafortunadamente, la sorpresa fue otra, y quien salió fue una de las primas de Sirius, Bellatrix Black, alumna de Slytherin del mismo año que ellos y la persona a la que Ana menos aprecio tenía en el colegio – algo que era mutuo -.
La joven bajaba las escaleras del edificio cuando sus ojos se detuvieron en la puerta de la casa que tenía enfrente:
- Pero… ¡Miren quienes están aquí! – Dijo con voz socarrona – ¡La noviecita de mi querido primo y su colorada amiga! Las dos únicas sangre sucia de Londres, ¿verdad? Bueno, tú ni siquiera eres de Londres, Tonks.
Ana hizo un ademán de pararse, pero su amiga la detuvo.
- Seguramente no te gustaría nada saber que es la noviecita de tu apuesto primo, ¿verdad? - preguntó Lily.
- Algún día vas a arrepentirte de haberte metido conmigo, Tonks – dijo Bellatrix – y te lo advierto: Si mi primito sigue fijándose en inmundas hijas de muggles, también se arrepentirá, tenlo por seguro.
Y tras esas palabras, se dio media vuelta y se fue.

Cinco minutos después, Sirius y Remus llegaban a la casa de los Evans. Toda la alegría que Ana tenía media hora atrás, se había esfumado por completo.
- Hola, señoritas – dijo Remus con una sonrisa
- Hola chicos – contestó Lily – ¿y James?
- Oh… se quedó a ayudar a su madre, nos pidió que viniéramos solos – contestó Remus.
Ana aún miraba para el lugar hacia adonde se había ido Bellatrix.
- Hey Tonks, ¿qué pasa? – preguntó Sirius, que había estado observándola.
- Nada – respondió ella con enojo, y se puso de pie – vamos – pero ninguno se movió.
- De verdad, dime qué pasa – volvió a decir Sirius, y al comprobar que Ana no hablaba, los dos chicos giraron hacia Lily
- Tu prima – dijo ésta mirando a Sirius.
- Oh… debí imaginarlo – hizo una mueca de asco – Idiota… ¿Bellatrix, verdad?
- Si… - contestó Lily
- En serio chicos, vamos – pidió Ana, y los cuatro comenzaron a caminar hacia la casa de James

Sirius se acercó Ana, quien iba sola adelante.
- Hey… Anabell – la llamó – ¿qué te dijo mi prima?
- Nada, cosas sin importancia. – contestó ella sin mirarlo a la cara.
- No me mientas – dijo él con voz firme. – a ti no te dejan así las estupideces que dice Bellatrix.
- Bueno… puede ser… - comenzó Ana mientras sus mejillas se encendían – está bien. Me dijo que si sigues fijándote en sangre sucias, te arrepentirás. – Aún en la noche se podía ver que se había sonrojado.
- ¡Está loca! ¡¿Cómo puede insultar a los hijos de muggle de ese modo?! – espetó Sirius con enojo – A parte… Es James quien se fija en Lily… - añadió muy desconcertado, encogiéndose de hombros.
Lily y Remus, quienes estaban atentos a la conversación, se acercaron. Lily también estaba muy colorada – pero por el comentario sobre ella y James -, aunque no dijo nada. Remus, en cambio, le pasó una mano por el hombro a su amigo y le dijo con una sonrisa:
- A veces me sorprende que seas el más inteligente de la clase, Sirius. – y bajando la voz añadió – ¿no te das cuenta, de que los señores Tonks no son magos?
Sirius miró a su amigo aún más desconcertado, pero éste sólo se limitó a guiñarle un ojo antes de detenerse ante una casa antigua con rejas verdes y tocar el timbre.

La cena fue muy agradable. La señora Potter había preparado una mesa enorme llena de diferentes platos. Finalmente, cuando Sirius – que siempre comía como si no hubiera probado bocado por días - terminó la cuarta porción de torta de Melaza y luego de charlar durante un buen rato, Remus, Sirius, Lily y Anabell regresaron a sus casas.
Al día siguiente, las dos amigas se despertaron muy temprano. Los padres de Lily las acompañaron a la estación King’s Cross y se despidieron de ellas antes de que traspasaran la plataforma 9 y ¾ . Como de costumbre, las chicas buscaron un compartimiento vacío y esperaron allí a Sirius, Remus y James.
El viaje no fue muy agradable para Ana. Cuando muchas de las chicas se dieron cuenta que los merodeadores estaban en ese compartimiento, comenzaron a entrar permanentemente para saludarlos.
- Hola, Siri - dijo una chica de Ravenclaw, tomándose demasiada confianza al sentarse a su lado.
- Hola… eh… - Sirius miró a ambos lados en busca de la ayuda de James y Remus. Ana sabía que no lo hacía porque le molestara que la chica se hubiera sentado al lado de él, sino porque no recordaba ni siquiera su nombre.
- ¿Porqué no me escribiste? – preguntó la muchacha interrumpiendo el incómodo silencio - Esperé tu lechuza durante todas las vacaciones
- No… ¿No llegó? – preguntó Sirius rápidamente – con razón no me has contestado preciosa, ya me estaba preocupando. Bueno, no es que quiera que te vayas pero, estamos hablando sobre el equipo de Quidditch de Gryffindor y, ya sabes… tú eres de… eh… ¡Ravenclaw! Claro, eso es James… sí, de Ravenclaw.
- ¡No hay problema! – dijo la chica que parecía muy contenta – Nos vemos – y dándole un beso en la mejilla salió del compartimiento.
Todos miraban a Sirius. James parecía estar orgulloso de su amigo, Remus y Lily lo miraban con el entrecejo fruncido. En cambio, Anabell, parecía tenerle lástima.
- ¿Con cuantas muchachas de Hogwarts jugarás este año, Black? – Le preguntó – Es el último que pasarás en el colegio… ¿tendrás que batir una especie de récord, verdad?
- Yo no quiero jugar con nadie – respondió Sirius seriamente – pero… si ellas me buscan… - terminó guiñándole un ojo a James.

Anabell y Sirius no volvieron a hablarse durante el resto del viaje. Llegaron al castillo más temprano que otras veces, pero eso no fue excusa para que no comieran hasta más no poder durante el banquete de bienvenida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

se las trae este fic! me interesa saber como explicas el tema de los apellidos.

jojo!

Ma parece un buen fic, aunque es solo la intro dan ganas de leerlo.

Suerte niña y no pierdas la inspiración!

besito
Mane